En la naturaleza, los animales son los únicos que nacen con habilidades definidas que a nosotros nos parecen extraordinarias: unos corren rápido, otros cazan mejor y otros perciben peligros con precisión, entre otras. Nosotros como seres humanos no funcionamos así ya que no nacemos con habilidades "extraordinarias", pero si con potencial a futuro.
Nuestra única capacidad que tenemos como especie es la de aprender, entrenar y mejorar con el tiempo. Las habilidades reales —físicas, intelectuales o profesionales— no aparecen solas, se construyen con esfuerzo, constancia y práctica diaria; aunque si hay excepciones, pero de igual manera las personas con talentos poco comunes necesitan trabajarlos ya que sino alguien más disciplinado termina superándolos.
Soñar o imaginar no es un problema. El problema es creer que el desarrollo personal ocurre sin acción. En la vida adulta, nada cambia si no se hace algo concreto para cambiarlo. El progreso no depende de sentirse especial, sino de trabajar de forma sostenida para volverse capaz. La diferencia entre una fantasía y la realidad es que en la realidad las habilidades no se esperan: se construyen.
