El uranio es uno de los elementos más energéticos que existen en la naturaleza. Su verdadero poder no viene de su peso ni de su volumen, sino de la forma en que se comporta su núcleo.
Cuando un átomo de uranio-235 se divide en una reacción llamada fisión nuclear, libera una cantidad de energía millones de veces mayor que cualquier combustión química.
Esto significa que 1 kilogramo de U-235 puede generar tanta energía como unas 3.000 toneladas de carbón, una relación que ningún otro combustible conocido puede igualar.
A pesar de su fama, el uranio no es raro: está presente en rocas, suelos y en menor cantidad en el agua de mar. La industria lo extrae, lo purifica en forma de “pastel amarillo”, y luego lo enriquece para aumentar la proporción de U-235. Ese material enriquecido se convierte en pequeñas pastillas de cerámica que alimentan reactores nucleares durante años.
En una central nuclear, la fisión calienta agua, produce vapor y mueve turbinas que generan electricidad. Como no se quema nada, el proceso no produce dióxido de carbono, y los residuos son extremadamente pequeños en comparación con los combustibles fósiles, aunque requieren almacenamiento seguro.
Lo más sorprendente es que toda la energía eléctrica que una persona promedio usaría en toda su vida cabría físicamente en el volumen de una lata de refresco si proviniera de combustible nuclear.
Esa es la mejor demostración del poder real del átomo: mucha energía, muy poco material.