Es enorme, es este bar tomaba solo Esteban Tomás Solovio, que de novio comió con lobos
en la casa de sus padres; sustrajo sus trajes cuando fueron sus velorios. De eso siete otoños
este hombre visionario me llenó de provisiones, sin comentarios por misiones anti-demonios
sudé sin pudor siendo su discípulo, con el culo puesto en el único cupo y cubículo; fui un ícono
contra su arte no me veía mis rayones sobre el mantel colgados ni en un pórtico, vendidos por un tostón
estrenando concilios entre lo obvio y lo que él volvió mi portafolios, rescatando del olvido.
Ya hace fechas que en mi campo me echo. Soy un ducho como muchos y eso cada vez es un alivio.